martes, 13 de marzo de 2012

La mayor fuerza al servicio del bien

  
La mayor fuerza al servicio del bien:
Cooperantes occidentales y colonos multiculturales

   Cuando el listo de Tom llegó a la India en 1834 tenía muy claro cómo había que gobernarla. Él, que había nacido con el siglo, traía muy sólidas ideas  sobre qué políticas había que aplicar a las colonias. Él se había leído entera la "Historia de la India" y había memorizado con su sobresaliente capacidad infinitos datos sobre los territorios del Imperio... aunque nunca hubiese estado en ellos.
      Macaulay era el niño prodigio de la administración inglesa, poeta en sus años de Cambridge, parlamentario a los 30, era la gran promesa whig, y el mejor representante de una manera de entender el Imperio: Las instituciones inglesas eran superiores, y era deber de los ingleses trasladar esas instituciones a las colonias. Era "el deber del hombre blanco" expandir el progreso y la libertad por todo el mundo.
   
    El célebre economista James Mill coincidía con esas ideas, y era él tan partidario de la administración desde Londres de los territorios dependientes de la Gran Bretaña que escribió una gran "Historia de la India" sin haber pisado la India. Libro que hay que reconocer escribió con gran esfuerzo ya que le llevó doce años terminarlo en lugar de los cuatro años que tenía planeado. Esfuerzo que se vio recompensado pues le valió su puesto en la Compañía de las Indias, lo que venía a ser el gobierno de la India desde la metrópoli. Eso sí, gobernó la India sin llegar a conocerla en toda su vida. Y es que, como diría el viejo Mill:

"Todo lo que vale la pena ver u oír en la India 
puede expresarse por escrito... un hombre debidamente cualificado puede llegar a tener más conocimientos sobre en un año encerrado en su estudio en Inglaterra que durante toda una larga vida utilizando los ojos y los oídos en la India"
(Al igual que otros muchos hoy en día escriben tesis doctorales sobre países sin haberlos pisado, o realizan planes de cooperación sin conocerlos... aunque ahora le dedican menos de un año, no doce como el viejo Mill).


    Hacia 1840 Inglaterra dominaba el mayor imperio que la humanidad habría de conocer jamás. Y ya entonces era (como hoy sigue siendo) la mejor democracia del mundo, donde se debatían todos los asuntos incluido su propia labor como metrópoli.
    Para sus administradores el Imperio británico era: "la mayor fuerza al servicio del bien que había conocido el mundocomo diría Lord Curzon ya finalizando el mismo imperio. "El mensaje es como granito tallado, ha sido esculpido en la roca y dice que nuestra labor es justa y será duradera".
   "El día de su magnánima auto-liquidación se irían pacíficamente dejando a sus antiguos pupilos llenos de agradecimiento, de entrega, de paz y de prosperidad y, además -precisamente ésa era la bonificación extraordinaria para ese futuro mundo moderno-, libres. Mucho después de su desaparición los historiadores proclamarían que el mundo era un lugar mucho mejor gracias a la existencia del Imperio Británico."

         "Las condiciones en las que se introdujeron en la India las ideas de progreso y libertad fueron, al mismo tiempo, las mismas que las condenaron al fracaso".


  Es por esta concepción de la bondad intrínsica de su misión por la que los ingleses se sorprendieron tanto cuando los indígenas se revelaron contra su imperio. (Tanto al menos como muchos se sorprenden hoy de que se secuestre cooperantes en los países a los que van a ayudar).



   En 1835 surgió el debate en torno a cuál era la misión de Inglaterra en el mundo y cómo debería administrar esa fuerza al servicio del bien.
   Ambas facciones en disputa coincidían en lo esencial, que Inglaterra era una fuerza del bien para las colonias, que su dominio habría de ser forzosamente transitorio, y que la educación era la labor más importante que habría de llevar a cabo Inglaterra para mejorar el mundo. 
   Pero... ¿En qué idioma habría que educar a los  indios? Fue la respuesta a esta cuestión la que hizo cristalizar las dos formas de entender el Imperio que estaban cambiando dos formas de concebir el mundo.
   
    Macaulay quiso cambiar toda la educación superior de la India (la que recibían los mandos medios que gobernaban el Imperio) al inglés. Fue él quien quiso crear a los intermediarios culturales, esto es:
Una clase de hombres, indios por su sangre y el color de su piel, pero ingleses por sus gustos, sus opiniones, su moral y su inteligencia 
 (A quienes de un modo mucho más gráfico en la china de hoy se les denomina plátanos: amarillos por fuera, blancos por dentro. Y que en la India imperial fueron conocidos como "Los niños de Macaulay".)


    Pero esta idea de que fuesen los indios quienes aprendiesen inglés era la opuesta a la tradición de los primeros administradores de la India, ya que fueron ellos quienes aprendieron las lenguas locales, y de hecho fueron ellos quienes hicieron las primeras historias de la India y las primeras normalizaciones tanto de sus lenguas como de sus leyes.


    Era la opinión de Hastings, gobernador General de Bengal (de facto gobernador de la India a través de la Compañía) de 1773 a 1784 que:
  "La compañía tenía la obligación de recomponer y restaurar las instituciones propias de la India, por distintas y contradictorias que pudieran parecer".
   Sus palabras hablan de que cualquier relación entre la colonia y la metrópolis se ha de basar en escuchar a los nativos:
Every application of knowledge and especially such as is obtained in social communication with people, over whom we exercise dominion, founded on the right of conquest, is useful to the state … It attracts and conciliates distant affections, it lessens the weight of the chain by which the natives are held in subjection and it imprints on the hearts of our countrymen the sense of obligation and benevolence… Every instance which brings their real character will impress us with more generous sense of feeling for their natural rights, and teach us to estimate them by the measure of our own… But such instances can only be gained in their writings; and these will survive when British domination in India shall have long ceased to exist, and when the sources which once yielded of wealth and power are lost to remembrance


Es por esta tradición por la que el médico y celebre orientalista H.H. Wilson se opuso a las políticas de Macaulay .
   Wilson conocía la India al menos tan bien como Macaulay ya que había estado en las minas de Calcuta, había aprendido el sánscrito y además era especialista en Ayurveda, la medicina tradicional India.
   Pero Wilson era partidario de que la educación superior en la India se siguiese produciendo en las distintas lenguas vernáculas. Hasta entonces del colegio de Calcuta egresaban los llamados a ser los administradores del Imperio con un excelente conocimiento de hasta seis lenguas indias, algunas de ellas ya muertas y tan solo administrativas como el sánscrito, otras las lenguas más populares del subcontinente.


  ¿Multiculturalismo u occidentalización? 
   ¿Debe el cooperante para el desarrollo de hoy en día aprender el lenguaje y las costumbres locales, respetarlas y empaparse de ellas o debe aplicar los criterios y las costumbres occidentales?
  No es este un debate nuevo, que es el mismo que tuvieron los administradores de la India allá por 1835, reflejando un cambio de actitud que queda evidenciado en sus retratos.
  Los primeros colonos y administradores adquirieron y admiraron las costumbres locales. Sus vestimentas  exóticas, su alimentación especiada, sus hábitos (fumaban en pipa), así como los contactos más íntimos con los locales, y sobre todo el aprendizaje de las distintas lenguas exóticas.
    Hacia 1800-1850 se produjo un cambio sustancial  en la concepción de la metrópoli de su labor para con las colonias. Cambio que quedó evidenciado en la discusión por la propuesta de Macaulay de educar en inglés en la India. 
 Así de los retratos rodeados de telas orientales y tumbados en divanes los miembros de las compañía de las indias orientales pasaron a retratarse en sillas y despachos; de comer especias a comer pudding -aún con 40 grados a la sombra-; de los trajes coloridos a la negra levita inglesa, los contactos íntimos se vieron impedidos por el puritanismo, y  decidieron que ellos aprendiesen inglés en lugar de aprender las lenguas locales los ingleses.

   ¿Por qué se produjo este cambio? Es cuestión difícil de saber y que supera tanto la extensión de este post como la capacidad de este su humilde escritor.
 Quizá porque tras la pérdida de EEUU Inglaterra percibió que habría que cambiar su trato con las colonias, quizá porque cambió el extracto social de los colonos, quizá porque varió la propia sociedad inglesa... 
  Quizá porque cambiaron los administradores. Muchos de los administradores de las Indias eran escoceses como Elphinstone (gobernador de Bombay de 1819 a 1827) al que sucedió John Malcolm también escocés quien gobernó hasta 1830. Los escoceses tenían una especial sensibilidad para el respeto a las costumbres locales ya que aun actuando en el nombre de la Gran Bretaña no querían hacer el mismo atropello por su lengua y por sus costumbres con los Indios que los Ingleses hicieron con los escoceses.









   
   No es un debate nada fácil éste. 
   No es nada fácil ya que 177 años después se sigue debatiendo el nivel de implicación, de transformación y respeto por las costumbres locales que pueden tener los colonos... o los cooperantes.
  Unos dirán que la difusión del inglés es causa de la relativa prosperidad de la India de hoy en día; otros que el respeto por las costumbres locales es lo que permitiría su identidad y dignidad.
  
(((Sea este post un pequeño homenaje a todos esos ingleses excéntricos que en su afán por huir del pudding y de la niebla de su húmeda isla conquistaron el mundo y llevaron a cabo algunas de las mayores hazañas que el hombre ha logrado.
   No tanto a esos ingleses amantes de los fish and chips que sin salir de ese trozo verde rodeado de azul y permanentemente bajo el gris que es Inglaterra; pretendieron gobernar el mundo beneficiándose de su desconocimiento práctico en la Compañía de las Indias Orientales como el viejo Mill; o hacer carrera política y ganar dineros en la India como -el entonces joven- Macaulay)))

viernes, 9 de marzo de 2012

No es ni el cuánto ni el quién, sino en qué.


   Pero además de un debate inútil es un debate   nimio porque pareciera que lo importante es si el gobierno se gasta 60.000 ó 45.000 millones de más, ignorando por completo la cuestión realmente relevante de en qué se lo gasta.

   
 Cuando se debate si el déficit del sector público ha de ser del 4,4% ó del 5,8% nunca parece tenerse en cuenta la cuestión de qué es lo que se va a hacer con ese 1,4% de más que se quiere gastar.
 ¿Qué se pretende hacer con esos 15.000 millones de euros de diferencia?  ¿A que no han oído a nadie de los que propugnan que hay que generar un déficit del 5,8% ó del 6% o más aún especificarles el proyecto concreto en el que habría que gastarlo?
     Pareciera que diera exactamente igual si se lo gastan en el casino que en invertirlo en empresas productivas, pareciera que da lo mismo las zanjas que promueve el keynesianismo que los trenes que no llevan a ningún sitio.

   Y es que da lo mismo. Da exactamente lo mismo en qué se gaste el dinero público pues lo único que cuenta es incrementar el gasto público ya que en el PIB el sector público contabiliza por costes. Esto es, todo lo que se gasta el gobierno, sea en lo que sea (absolutamente en lo que sea), contabiliza como incremento de la producción de la nación en ese año.
    Los neo-keynesianos tienen razón: todo lo que gasta el sector público contabiliza como crecimiento del país. 
  Pero que crezca el PIB no es exactamente lo mismo que crezca la economía de un país, puede ser tan solo un problema de medición. 
   (Pero más sorprendente aún es que el déficit de las administraciones públicas se mida en relación al PIB, que es la actividad de toda la economía, no sólo de las Administraciones Públicas. El déficit de las AAPP se debería medir en relación a los ingresos de las AAPP, que es lo único relevante a estos efectos, no a los ingresos de toda la economía. Pues si el sector privado crece, puede crecer el gasto del sector público de manera automática y automáticamente ilógica).

    Así, por ejemplo, cuando oigan a alguien diciendo que hay que invertir más en educación háganse a la idea de que está hablando de otra mala universidad casi vacía.
    Si les habla de infraestructuras, visualicen otro inútil aeropuerto sin aviones ni pasajeros.
   Si dicen "estimular la economía", recuerde el Plan E.
   Si "cohesión social", la corrupción.



   Para el crecimiento real de la economía (que no del PIB), para la generación de valor, de bienes o servicios, la cuestión relevante no es cuánto ni quién, sino en qué se gasta el dinero.

    El gobierno no tienen ningún incentivo en gastarse el dinero en inversiones productivas, y de hecho ya ha mostrado reiteradamente que todos sus gastos son improductivos.
    Por un lado están los "gastos sociales", que son las pensiones, los subsidios al desempleo, a la sanidad o a la educación. Que pudiendo ser gastos necesarios, no son evidentemente gastos que produzcan crecimiento económico alguno.
    Por otro lado a veces el gobierno intenta hacer inversiones productivas. Intenta, que no lo consigue prácticamente nunca. Ahí tenemos las pruebas, en España se miden por kilómetros de vía de AVE vacía, o por kilómetros cuadrados de polígonos industriales y parques empresariales abandonados, o por informes de rentabilidad redactados a posteriori de las agencias públicas de fomento de la inversión.








 
   Sin embargo el sector privado sí que tiene incentivos para invertir en proyectos que sean rentables. Es indudable que muchas veces comete errores de inversión (millones de promociones vacías lo atestiguan en cada ciudad, pueblo o ex-páramo de España), pero en general y de media cuando el sector privado maneja el dinero sí que suele invertirlo en proyectos rentables que generen valor. Si no nunca se crearía nada.



   Es por esto que lo relevante es en qué se gasta el dinero, que por definición es escaso (a pesar de los juegos de magia monetarios de los bancos centrales). Una vez que tenemos claro que para generar crecimiento el dinero hay que invertirlo en proyectos que sean rentables y no un despilfarro, entonces la siguiente pregunta queda automáticamente respondida: mejor que el dinero lo gaste el sector privado a que lo haga el sector público; pues uno le dota de valor, otro lo volatiliza.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Debate inútil


   Mucho se debate en estos momentos sobre cuánto de más tiene que gastar el gobierno el año próximo, un 4,4%, un 5,8% (ó un 6%).
Un debate inútil.

   Debate inútil pues si de algo estamos seguros es de que el gobierno NO va a cumplir su objetivo de déficit. No lo va a cumplir como no lo ha cumplido en los últimos diez años.
  
    Tomamos los datos de la tabla macro-económica del Informe Económico y Financiero que acompaña cada año a los Presupuestos Generales del Estado, por desgracia no tenemos el dato de las previsiones del déficit, pero sí el de "Gasto en consumo final de las Administraciones públicas".
   Es de suponer que este dato es más exacto que el del déficit pues tan sólo incluye una variable "el consumo final de las AAPP" y no dos como el déficit, que ha de prever el consumo y los ingresos de las AAPP.

  Para cada año hay tres datos, el que se elabora el año anterior previendo los gastos del año siguiente (en circunstancias normales para los presupuestos del 2012 serían los datos para 2012 que se habrían presentado a finales de 2011).
  Los gastos que se prevén para ese mismo año pero puesto que el año todavía no ha terminado no se ha podido cerrar los presupuestos (los de 2011 a finales de 2011 incluidos en los presupuestos de 2012).
  Y los gastos registrados el año anterior (en los presupuestos de 2012 presentados a finales de 2011 serían los de 2010).

  Bueno pues aquí están los datos:


 Nunca el gobierno ha sido capaz de saber cuánto se va a gastar; pero no es que no lo haya sabido por poco, sino que no lo sabe por mucho.
   La media de error entre la previsión del año anterior y lo efectivamente gastado es de 1,13%; lo que es una desviación del 24%.
   Pero lo que es todavía más interesante, y es que cuanto más recientes son los cálculos, más yerra el gobierno en sus previsiones. Así hay una desviación media del 1,68 puntos (el 36%) entre las previsiones del gobierno de cuánto han gastado las administraciones públicas en el año en que presentan los presupuestos en diciembre, y cuánto efectivamente se comprueba que gastaron en el año siguiente.
    De los 20 registros tan solo en tres ocasiones ha tenido una desviación menor al 0,5%, pero hasta en 6 ocasiones la desviación es superior al 2%.

  Además como el gobierno es manirroto e inconsciente de su gasto casi siemre se equivoca infravalorando el gasto que realizará. Siempre hay "circunstancias especiales" que obligan a gastar más de lo que se preveía. Tan sólo en una ocasión en los últimos diez años creyó que ese mismo año iba a gastar menos de lo que efectivamente gastó; y tan sólo en una ocasión lo creyó del año siguiente. Y curiosamente no en el mismo año. (En los datos no se aprecia ya que están en valor absoluto para calcular las medias de desviación, es de un 0,5% en el 2005 y un 0,6% en el 2009 respectivamente)

   Teniendo en cuenta que toda la polémica en estos momentos es si el déficit público ha de ser del 4,4% o del 5,8% para el 2012 podemos estar  casi completamente seguros de que no será del 5,8%. Tal acierto sería histórico. 
  Extrapolando los datos de Gasto de las Administraciones públicas podemos aventurar que el déficit más bien estará en el entorno del 7,5% (5,8% + el 1,7% de desviación media).

  Pero para cuando en diciembre de 2013 se publiquen estos datos nadie se molestará en comprobarlo pues ya nadie se acordará de todas estas discusiones, artículos y debates inútiles. Para entonces se estará debatiendo las previsiones de déficit del 2014.

lunes, 20 de febrero de 2012

La economía de Caná

Los economistas creen en los milagros.
Creen que creando dinero se crea riqueza, y así creen que inyectando más dinero a la economía se creará más riqueza.


Creen especialmente en el milagro de las bodas de Caná; aquél en el que Jesús transformó el agua en vino y creó riqueza donde solo había una fiesta sin gracia, una boda fracasada. Y Él, por su obra y gracia, sin esfuerzo, la transformó en un enlace feliz y de final alegre.
Los economistas creen que mezclando la buena moneda con la mala se podrá crear más moneda, más dinero, y hacer crecer la economía; y que el final será feliz y alegre en breve, sin mayores esfuerzos.


Como nos relata la Santa Biblia:

Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.    Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos.     Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino.     Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora.     Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere.     Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros.     Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba.     Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron.     Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo,     y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora.     Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.
Juan 2:1-11 
 Que en el relato de la crisis actual se podría transformar (sin blasfemar):
Al tercer año se hicieron unas bodas entre Washington y Bruselas. Y fueron invitados a la boda Bernanke, Dragui y los otros políticos. Y faltando los billetes, el padre Krugman le dijo: No tienen dinero. Pero Bernanke le respondió: ¿Qué tienes conmigo padre? Aún no se acerca la hora de mi re-elección.  Pero Krugman estaba allí y les dijo: haced todo lo que yo os diga. Y estaban allí seis bancos sin fondos, conforme al rito de la purificación de los banqueros, en cada uno de los cuales cabían dos o tres billones. Bernanke les dijo: Llenad esos bancos de billetes nuevos. Y los llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: Sacad ahora y llevadlo al político. Y se lo llevaron. Cuando el político probó el dinero echo de la nada, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los banqueros que lo habían prestado, llamó al esposo, y le dijo: todo hombre se gasta primero la mala moneda y guarda la buena, y cuando ya se han agotado los recursos, entonces declara la quiebra; más tú has reservado los buenos instrumentos financieros hasta ahora. Este principio de señales hizo Bernanke en la FED, y manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

Sería un relato estupendo. Bíblico.
Pero Bernanke no es Jesucristo. Ni se le parece.
En tal caso sería Satanás, que por intentar emular a Dios al infierno se condenó.
Pero él nunca fue ángel. Quizá lo fuera Greenspan, que cuanto menos tuvo un pasado sensato en el que adoraba el Becerro de Oro -del patrón oro-.



Pues solo Cristo fue capaz de transformar el agua en vino, y sólo Dios de crear riqueza de la nada sin esfuerzo cuando dio el Maná a su pueblo. 
Aunque otros todavía crean en la edad dorada, pasada, donde la comida se recogía de los árboles y el oro bajaba por los ríos.


Pero no hay posibilidad de crear dinero de la nada.
Hay que trabajar. Castigo bíblico. No es mi culpa, que fue la culpa de Eva y Adán.

Aún en época de crisis hay que trabajar más y sufrir más. Y por desgracia demasiados no pueden trabajar. Ni tampoco queda vino para la celebración.
No, no son esto las bodas de Caná.
Ni el agua se convierte en vino, ni los malos activos en dinero, ni las deudas en activos.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Genealogía de las ideas.


Genealogía de las ideas.
Y arqueología de las ideas en el siglo XXI
Las ideas que uno tiene son las que ha robado. Pues lo que define el pensamiento de una persona no son las ideas que tiene sino las ideas que elige sostener, defender, adoptar.
Pero, ¿Cómo saber quienes son los legítimos padres de las ideas? ¿Cómo saber de dónde vienen y cómo se fueron trasladando, contagiando y modificando?
Hasta ahora pocas formas había de realizar esta genealogía de las ideas, de trazar el camino hacia atrás de las ideas comúnmente aceptadas a sus padres originales, a su origen fruto de la evolución de conceptos anteriores o de combinación de distintos conceptos previos.
Normalmente los historiadores del pensamiento rastrean los escritos de los autores buscando citas o referencias a pensadores anteriores al estudiado.
Por ejemplo es destacable el trabajo del profesor Gabriel Calzada Álvarez, quien a partir de los libros de la biblioteca personal de Carl Menger, y a través de los libros de la biblioteca personal de aquellos libros que leían los autores que leía Menger, es capaz de trazar una línea de pensamiento, de transmisión de las ideas, que va directamente de la Escuela de Salamanca en la España del siglo XVI hasta el estudio de Menger en la Viena del XIX.


En el mundo académico actual es muy básico ese procedimiento de atribución de las ideas o de valoración de su importancia: se hace por la cantidad de veces que un autor o un trabajo es citado por sus colegas.
Este método es evidentemente muy imperfecto, pues se puede citar muchas veces un trabajo que tenga poca novedad, o que tenga poca calidad, y muy pocas otro trabajo de mucha mayor entidad, pero que no trate un tema que esté de moda (pues sí, también hay modas en la investigación, y son tan dominantes como la de la falda-pantalón de esta temporada). Amén de que el sistema genera incentivos al juego de yo-te-cito/tú-me-citas y ambos aparecemos más alto en el ranking científico.

Ya hay iniciativas que intentan valorar la importancia de un trabajo científico no solo por el número de veces que aparece citada en revistas académicas, sino también por el impacto que esa idea ha tenido en la sociedad en general. Así se valora el número de veces que ha aparecido en Facebook, twitter, los hipervínculos que ha tenido o diversos blogs.
Tengo la intuición de que queda muchísimo camino por recorrer en esa dirección, y lo que es más, que la gran cantidad de datos que hay en internet nos permitirían conocer muchísimo más la genealogía de las ideas, atribuir mucho mejor ciertas paternidades que ahora mismo están disputadas o mal atribuidas, generando tantas ideas bastardas.
Toda vez que el debate en economía se ha desplazado de las revistas científicas a los blogs (como el debate en economía en el XIX se realizaba más en panfletos y octavillas que en libros) y que por tanto casi toda la información sobre los debates en economía en los últimos años (¿10? ¿15?) está disponible para quien quiera utilizarla, sería muy útil explotar esa mina de datos que es la web para:
·      Por un lado conocer cómo se transmiten las ideas y saber cómo algunas de éstas se hacen víricas, se hacen memes. (Lo que sería de mucho interés para los que estamos interesados en transmitir ideas).
·      Por otro lado saber dónde y en qué contexto surgieron ciertos conceptos que luego se han ideo difundiendo.

Las ideas, en definitiva, son hijas de muchos padres, son de difícil genealogía, ya que vienen de una muy difícil familia: la de los intelectuales; y además son muy dadas a tener muchos hijos también con distintas paternidades (son muy p---- las ideas, ya lo saben).
Internet, con la mina de datos que supone para quien sepa cribar y trabajar en sus profundidades, puede ser una herramienta estupenda para atribuir paternidades, para conocer cómo se generan las virus que difunden las ideas.
Aquí dejo esta idea (que tampoco es mía, no se crea), ya solo queda rastrear en Google y en Google Scholar a través de los distintos años dónde se generó una idea, quién primero acuño el conceto.

martes, 14 de febrero de 2012

Usted es un ladrón. (De ideas)


Esa idea que usted tiene y que con tanto ardor sostiene no es suya.
Quizá usted no sea un ladrón, pero se ha apropiado de la idea de otro. Es atenuante de tan manifiesto robo que se ha apropiado de la idea de otro con buena fe, y que además la ha hecho suya habiéndola pensado. Habiéndola pensado más o menos. Si es lector de este blog probablemente más que menos.
Todos decimos tener “nuestras ideas”, pero muy pocos de verdad tienen ideas y mucho menos ideas nuevas. Como le dijo aquel (¿Yogi Berra?) al contertulio engreído que no hacía sino repetir “yo pienso que...”, “yo pienso que...”: Pensar, pensar, lo que se dice pensar, en España piensa Zubiri, los demás como mucho opinamos.
Y ni aún éstos pocos, pues toda idea es evolución de ideas anteriores, toda idea nueva es una pequeña aportación a una idea anterior. En célebre cita de Whitehead:
"Toda la filosofía occidental no es sino una serie de notas a pie de página de las obras de Platón."

¿Entonces cómo atribuir correctamente la paternidad de las ideas? Cómo saber quiénes son sus padres (las ideas suelen ser hijas de muchos padres), dónde fueron dadas a luz (las ideas suelen nacer de partos difíciles y dolorosos), y cómo fueron creciendo y expandiéndose.
Difícil es saberlo. Los memes son esas ideas que se transmiten de manera espontánea de boca en boca, y quienes lo transmiten no son completamente conscientes de la idea que están transmitiendo.
Dice Nassim Taleb sobre el éxito de las ideas que:
I will repeat the following until I am hoarse: it is contagion that determines the fate of a theory in social science, not its validity.

Por eso es especialmente importante conocer cómo se transmiten las ideas para poder transmitirlas bien y que lleguen a ser “contaminantes”.
Ya Hayek tuvo esa iluminación que llamó Second hand ideas dealers, aquellos que transmiten las ideas de otros pero que son quienes realmente influyen en la opinión pública (a través de la opinión publicada o radiada), quienes conforman las ideas comúnmente aceptadas. Todos esos intelectuales de segunda fila (o de decimosegunda), que repiten una y otra vez las muy manidas ideas por otros acuñadas, eso sí, con mucha prepotencia y como si fueran originalísimas; esos son los que influyen en la sociedad y los que pueden llegar a generar un cambio real.
 Por suerte su influencia es cada vez menor pues cada vez los ciudadanos se (in)forman a través de los medios que ellos mismos eligen (blogs, twitter, facebook...) cada uno busca su propio prescriptor, su intelectual de segunda fila que le repita lo que otro dijo antes que él.
Como muy bien dijo John Maynard Keynes (Y sí, en este blog también se cita a Keynes, un gran economista por muy mal que escriba, o mal que se le interprete, o equivocado esté lo que diga).
“The ideas of economists and political philosophers, both when they are right and when they are wrong, are more powerful than is commonly understood. Indeed the world is ruled by little else. Practical men, who believe themselves to be quite exempt from any intellectual influence, are usually the slaves of some defunct economist.
Esto es, que todo lo que hacemos hoy es consecuencia de lo que alguien difunto dijo ayer.
Aunque como se lamentaba Auden:
The words of a dead man
Are modified in the guts of the living.
Y es que cada uno de nosotros modificamos las ideas de los otros cuando las repetimos y las hacemos nuestras; cuando nos las apropiamos.
 Al fin y al cabo usted no sea responsable del robo de las ideas de otros. Sus ideas son suyas, pues hay muchas ideas por ahí pululando; y uno se define por las ideas que elige, uno conforma su pensamiento por las ideas que incorpora a su ideario, por los autores muertos que decide repetir, los conozca o no, pero que cuando los repite los hace suyos. Honrándolos según Keynes, pervirtiendo su significado según Auden.
Por ello cuando uno repita las ideas que eran de otro, en su propio fuero las transforma, y con ello se las apropia.
No, usted probablemente no es un ladrón, aunque las ideas que usted cree tener no las tuvo, sino que las adoptó.

viernes, 10 de febrero de 2012

Los tipos de interés: Marshmellow test


¿Qué son los tipos de interés?
¿Por qué si alguien me da 100 hoy he de devolverle 110 dentro de un año?
    Al fin y al cabo si usted me deja monedas, y las monedas no se reproducen solas, yo debería devolverle las mismas monedas. Ese ha sido el razonamiento durante siglos de maestros de la iglesia; y hoy en día lo es de grandes sectores de la izquierda.

     La explicación más común es decir que el tipo de interés es el precio del dinero. Es sorprendente como afirmación tan errónea sobre concepto tan fundamental en la economía tiene tal aceptación. Dejémoslo claro: el tipo de interés no es el precio del dinero, en tal caso sería el precio del alquiler del dinero, pero esta definición no explica su fundamento.

    El tipo de interés es el coste de la preferencia temporal. Son los bienes futuros que se dan a cambio de renunciar al disfrute de los bienes presentes por un periodo de tiempo.
Por ponerlo de manera poética: es el precio del tiempo; el precio de la renuncia.

Y la renuncia es dura, muy dura.
      Renunciar al placer presente de una nube es una prueba ímproba para estas criaturas de cuatro años aún cuando la recompensa será de un 100% de tipo de interés en media hora (unas condiciones envidiables):


    Es el Marshmallow test; que demuestra que aquellos que son capaces de renunciar a los bienes presentes y ahorrar tendrán mayor cantidad de bienes futuros.
(Los niños a partir de los cuatro años ya empiezan a ser capaces de entender el razonamiento y controlar su impulso de comer. Los políticos no parecen entenderlo y no controlan su impulso de gastar).

   A aquellos que antes y mejor controlan sus impulsos, mejor les fue en la vida (medido por parámetros comunes como dinero y éxito social).

      ¿Por qué se compensa con dos nubes el no comer una ahora? Evidentemente no porque haya una profe que imponga las reglas del juego; sino porque cuando esa nube no consumida se ahorra se utiliza en la industria productiva. Pasa a ser inversión. 
     Un empresario utiliza esa nube (etérea) para convertirla en bienes de capital (reales), combinarla con otros factores, y producir "algo", crear más. Y por ello satisfacer más necesidades de más personas, y poder así con el tiempo devolver dos nubes en lugar de una.

      Pero las preferencias temporales son completamente personales.
   A lo mejor necesitas comer una nube en ese momento dado (no puedes ahorrar).
      A lo mejor no confías que te vayan a devolver dos nubes en media hora y crees que más vale pájaro en mano que ciento volando (incertidumbre de régimen).
     A lo mejor prefieres comer la nube pues el futuro está muy lejos y prefieres disfrutar el momento (tempus fugit).

Yo me comería la nube.


PS: Este post no es, ni pretende ser, una explicación en profundidad de los tipos de interés ni de la teoría monetaria.
Para explicaciones más completas y detalladas en español se puede recurrir a los maestros Huerta de Soto o Juan Ramón Rallo.