domingo, 6 de mayo de 2012

El nombre de la felicidad


Rubaiyat, Omar Khayyam 


Feliz, felicidad, la felicidad. Ser feliz.
La felicidad parece ser el mayor bien al que aspiran los hombres, el culmen de todas sus aspiraciones, aquello que no dejan de perseguir, lo que no cesan de buscar, lo que siempre anhelan pero...
¿Qué es la felicidad?

Desde los primeros pensadores los hombres se han formulado esta pregunta, los sabios griegos como Aristóteles, para quien el bien supremo es la felicidad e identifica felicidad con sabiduría:
"La verdadera felicidad consiste en hacer el bien."

En tiempos de los romanos los tratados sobre la felicidad eran moneda común, como el De vita beata, del estoico Séneca, traducido con el significativo título “De la felicidad
Y es que como muy bien indican Ravel los primeros filósofos eran sabios que reflexionaban sobre los problemas que acucian a los hombres, y el primero y mayor de los problemas sobre el que los hombres reflexionan es sobre la felicidad, eterna o terrena.

Pero parece que esta labor de la academia de buscar de manera científica lo que más interesa a los hombres es una labor completamente abandonada en nuestros tiempos. Como muy bien denuncia Alain de Button en una célebre conferencia; si uno entra a una universidad y se pone a hablar de los temas que preocupan a los hombres de manera más profunda (felicidad, transcendencia, Dios, amor) le tacharán de poco académico y le indicarán la salida. Y es que la universidad parece ser "universal" para todo menos para lo esencial.
O como dice el popular periodista David Brooks en su best-seller “The social animal”:
“We still have academic fields that often treat humans beings as rational utility-maximizing individuals”.  “We are good at talking about material inventives, but bad about talking about emotions and intuitions. We are great at teaching technical skills, but when it comes to the most important things, like character, we have almost nothing to say”
(Donde pone “character” se puede poner “felicidad” para indicar que de lo más importante poco tenemos que decir aún a día de hoy).


También dice algo parecido el célebre monje budista Matthieu Ricard, quien es nombrado como “el hombre más feliz del mundo(Cómo se puede llegar a valorar quién posee tal condición es algo que se me escapa) en el libro “El monje y el filósofo”:
Es cierto que la biología y la física teórica han aportado conocimientos extraordinarios sobre el origen de la vida y la formación del universo. Pero ¿permiten acaso estos conocimientos elucidar los mecanismos fundamentales de la  felicidad y del sufrimiento? No hay que perder de vista los objetivos que uno mismo se fija.”

Ha sido la iniciativa privada extra-académica a través del patrocinio de Coca-Cola y el auspicio del célebre científico/político/traductor/divulgador/showman/liberal/caricaturesco/divertido/padre/candidato/presentador Eduard Punset quien monte el Instituto de la Felicidad Coca-Cola y quien organice el Congreso de la Felicidad.
(Supongo que no puede haber persona más adecuada para hablar de la Felicidad que Punset, ya que dice tener la Fórmula de la felicidad... o cuanto menos la vende como si la tuviera).
Es éste un interesante congreso en el que se invitan por igual a religiosos (parece ser que la religión todavía tiene mucho que decir sobre las cuestiones esenciales que atañen al hombre) y científicos. Científicos no economistas, sino médicos, antropólogos o psiquiatras.

¿Qué aporta la economía (como la ciencia preponderante en nuestro tiempo) a este conocimiento sobre la felicidad que lleva el hombre persiguiendo desde sus orígenes?
¿Cómo se mide, trata, fomenta o persigue la felicidad desde la perspectiva económica?
Es a este estudio a lo que este blog va a dedicar una larga serie de post.
Espero que les sirva, y que les ayude a ser algo más felices...
...O no. No lo espero pues ya les adelanto que quien esto suscribe no sabe casi nada sobre la felicidad, ni cree que muchos sepan algo, ni cree que ese saber se pueda transmitir.

Pues como dice el Rubaiyat de Omar Khayyam:

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